Bocetos de Rubens en el musée Bonnat-Helleu de Bayona - Museo de Bellas Artes de Bilbao

La obra invitada

28-09-2022 • 22-01-2023

Bocetos de Rubens en el musée Bonnat-Helleu de Bayona

Sala 19

El programa La Obra Invitada constituye en esta ocasión una cita muy especial con uno de los pintores más relevantes de la historia a través de un selecto conjunto de bocetos preparatorios para el traslado a lienzo de uno de los más formidables ciclos decorativos de la época, el de la Torre de la Parada. Se le añade otro boceto de mayor tamaño para la confección de uno de los 20 tapices con destino al madrileño monasterio de las Descalzas Reales. Por último, y como contexto a los bocetos de Rubens prestados por el museo Bonnat-Helleu de Bayona, se exponen tres grabados de reproducción de Paulus Pontius (Amberes, 1603-1658) pertenecientes a una colección particular.

Durante su última etapa, Rubens recibió por parte de Felipe IV el encargo más importante de toda su carrera, un conjunto formado por unos 115 lienzos de grandes dimensiones para decorar la Torre de la Parada, pabellón de caza situado a las afueras de Madrid que el rey quiso ampliar y reformar. Rubens era uno de los pocos artistas del momento capaces de realizar un ciclo pictórico de estas características y terminarlo en el plazo de unos dos años. Teniendo en cuenta el volumen del trabajo y el tiempo para su ejecución, decidió contar con la colaboración de otros artistas flamencos en su taller de Amberes, pero antes de trasladar al lienzo cada una de las composiciones plasmó sus ideas en bocetos a escala reducida pintados al óleo sobre tabla cuya ejecución, hacia 1636, se reservó para sí mismo. La mayoría de los asuntos representados son mitológicos y están inspirados en las Metamorfosis de Ovidio. Además de poner de relieve la fértil imaginación y la soltura técnica de Rubens, estas obras constituyen una prueba fehaciente de su proceso creativo y su sensibilidad hacia la Antigüedad clásica.

Los siete bocetos se exponen ahora en el museo gracias al apoyo de la Fundación Banco Santander y al asesoramiento científico de Alejandro Vergara, Jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte hasta 1700 del Museo del Prado.

La presente selección de bocetos es buen ejemplo de este aspecto tan importante, y a la vez desconocido para el público, del trabajo del pintor flamenco. Pertenecen a un periodo muy prolífico, en el que estuvo al servicio de la corte española. Seis de ellos guardan relación con la decoración de la Torre de la Parada y a mediados del siglo XVIII se encontraban en España en manos del duque del Infantado, junto con otro medio centenar de bocetos. Procedentes de esta colección, fueron adquiridos por el oficial y explorador bayonés Victor-Bernard Derrécagaix (1833-1915) a su paso por el país. Fue su viuda quien, en 1921, formalizó su legado al musée Bonnat-Helleu, añadiendo otro boceto de Rubens para uno de los tapices del monasterio de las Descalzas Reales que Derrécagaix también había adquirido en España.

Pedro Pablo Rubens (1577-1640)

Considerado el pintor más sobresaliente del siglo XVII en Europa y uno de los más relevantes de la historia del arte universal, entre las numerosas virtudes de Rubens se halla su maestría en la realización de bocetos. En esta faceta clave para entender su proceso creativo, la obra de Rubens destacó tanto por la calidad como por la cantidad –creó en torno a medio millar de ejemplares, prácticamente un tercio de su producción–. Con ella, además, transformó y superó el tradicional concepto de estudio previo, que empleaba como soporte exclusivamente el papel.

Rubens recibió una educación esmerada, políglota y clasicista que le permitió desenvolverse desde muy joven en ambientes aristocráticos. Durante su estancia en Italia, al servicio del duque de Mantua como pintor de cámara, conoció la obra de los maestros renacentistas. Ya en España mostró su destreza para la creación de retratos grandilocuentes y luego en Amberes abordó la temática religiosa con una espectacularidad sin parangón hasta el momento. Su ingente producción se debe a su prodigiosa habilidad como dibujante y colorista, con una singular pericia para captar la anatomía humana y desarrollar la más amplia temática, pero también a la colaboración de los numerosos ayudantes que trabajaron en su extenso taller.

Torre de la Parada

En 1636 Felipe IV acometió, con el arquitecto Juan Gómez de Mora, la ampliación de una pequeña fortaleza que Felipe II había construido con el arquitecto Luis de Vega a las afueras de Madrid. El resultado de esta remodelación fue un palacete convertido en pabellón de caza conocido como Torre de la Parada y para su decoración el monarca encargó a diversos artistas un ambicioso grupo de pinturas. El conjunto más importante, con sesenta obras de tema mitológico, le fue encomendado a Rubens ese mismo año por el cardenal-infante Fernando de Austria, hermano de Felipe IV, y estaba inspirado en las Metamorfosis de Ovidio y en la vida de Hércules. El pintor dividió el ciclo en varios bloques que, si bien no mostraban un programa concreto, se relacionaban entre sí por la finalidad del espacio en que se ubicaban, pues todas las pinturas recogían escenas cinegéticas y de recreo. Las composiciones y los asuntos fueron ideados por el propio Rubens, quien pintó los bocetos al óleo sobre tablas de roble de pequeño formato para ser posteriormente trasladados a grandes lienzos por él mismo –se encargó personalmente de 14 obras– y por otros pintores que contrató, entre los que estaban Jacob Jordaens o Jan Cossiers. Se sabe que el trabajo estaba terminado para 1638-1639, pero la construcción, junto con la mayoría de los cuadros, desapareció en un incendio durante la guerra de Sucesión en 1714, por lo que los bocetos de Rubens, que se encuentran dispersos en diferentes colecciones, son un testimonio excepcional de este proyecto. Los seis que se presentan en esta sala muestran una ejecución vigorosa y sintética, en gran medida condicionada por la exigencia del encargo, cuyos plazos y volumen obligaron al artista a desplegar un alarde de inventiva que garantizara la riqueza y variedad de las composiciones, así como la necesaria claridad narrativa. Los contornos bien definidos y el empleo de capas de pintura muy ligeras, que con frecuencia dejan ver la imprimación, son ejemplo de la pericia técnica del autor.

Descalzas Reales

El monasterio de las Descalzas Reales de Madrid ha sido a lo largo de su historia residencia de diversas damas de la realeza y la aristocracia, con cuyos donativos se conformó una importante colección artística. Es el caso de la infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II y gobernadora de los Países Bajos, quien hacia 1625 encargó a Rubens, con el fin de decorar el monasterio, los bocetos para la confección en Bruselas de 20 tapices con el tema del triunfo de la Eucaristía como dogma principal del catolicismo. A partir de estos bocetos, que se sitúan entre lo mejor de la producción del pintor, sus ayudantes realizarían los grandes cartones, que suponen el paso intermedio. La factura de estos modelli, al óleo sobre tabla, es más elaborada que la del conjunto de la Torre de la Parada y son de mayor tamaño. En El profeta Elías recibiendo pan y agua de un ángel, presente en esta sala, se observan con claridad cualidades propias de esta figura clave del Barroco, como la pincelada suelta y segura, y la transparencia del color.

Bocetos para la Torre de la Parada

Apolo y Dafne

Apolo se enamoró de la cazadora Dafne tras recibir un flechazo lanzado por Cupido. La persiguió enloquecido por el deseo hasta casi alcanzarla. La joven, aterrorizada, imploró a su padre, un dios fluvial, que la salvase, y este la convirtió en un laurel (Ovidio, Metamorfosis, libro I). Apolo tuvo que contentarse desde ese momento con utilizar unas hojas del árbol como corona.

La línea vertical que marca el eje central de la composición es similar a otras muchas que se observan en los bocetos de esta serie. Como hizo con la mayoría de los cuadros de este conjunto, Rubens subcontrató la realización de la pintura a otro artista, en este caso Theodoor van Thulden (el cuadro pertenece al Museo del Prado).

Cupido y Psique

La famosa historia de Cupido y Psique forma parte de la novela Las metamorfosis del escritor y filósofo del siglo II Apuleyo (también se conoce como El asno de oro). Psique perdió el amor de Cupido cuando este se dio cuenta de que le había estado observando –le despertó una gota de aceite hirviendo que se desprendió de su candil–. Rubens representa el momento anterior, cuando la joven aún se regodea ante la belleza incomparable del joven dios del amor y el deseo. Pese a las trampas concebidas por la celosa Venus, los dos amantes volverán a juntarse.

Alternando sabiamente zonas de mayor o menor opacidad en la capa de pintura marrón que rodea a las figuras, Rubens contribuye a la sensación de profundidad espacial.

Escila y Glauco

La historia del dios marino Glauco y su deseo por Escila se narra en las Metamorfosis de Ovidio (libro XIV), como sucede con la mayor parte de los mitos que Rubens pintó para la Torre de la Parada. Buscando el amor de la mujer, Glauco solicitó ayuda a la diosa Circe, quien, enamorada de él, convirtió su dolor en eterno.

A la derecha, varios perros atacan a Escila, que levanta los brazos. Pronto ella misma se convertirá en otro animal. Glauco contempla la escena, horrorizado ante la pérdida de la mujer a la que había intentado seducir.

Hércules descubriendo la púrpura

La historia la narra el griego Julius Pollux en su Onomasticon (libro I), escrito en el siglo II. Durante un paseo con su amo por una playa de Tiro, el perro de Hércules mordió la concha de un molusco y manchó sus labios de color purpura. De ese modo se descubrió el tinte que sería el más valorado en la Antigüedad, especialmente en época romana. La ciudad de Tiro, en el actual Líbano, se representa al fondo. La púrpura de esa procedencia se valoraba especialmente.

La pintura blanquecina y de tonos tierra se acumula en el borde izquierdo de la escena, que Rubens ha delimitado con una línea negra dibujada a lápiz.

Pan y Siringa

El hipersexual dios de la Arcadia Pan combinaba rasgos humanos y de cabra. En esta escena, inspirada por los versos del libro de Ovidio Metamorfosis (libro I), se acerca libidinoso y violento a la ninfa Siringa, que huye de él y se adentra en el rio Ladón. Siringa imploró a las ninfas del río que la transformasen en juncos de cáñamo para salvarla y así lo hicieron. De esas cañas hará Pan su siringa (o flauta).

Las numerosas líneas verticales que subyacen a toda la composición (se aprecian bien en la esquina superior izquierda) son las marcas dejadas por un pincel grueso utilizado para dar tono a la tabla antes de pintar la escena. En muchos de sus bocetos Rubens deja a la vista este tipo de líneas.

Selene (o Diana) y Endimión

El amor de la diosa griega de la luna Selene (en ocasiones identificada con la diosa Diana) por Endimión causó los celos de Zeus. Cuando la diosa le pidió para el hermoso joven la eterna juventud, Zeus le durmió para siempre. La historia la narra la poetisa arcaica Safo, entre otras fuentes (algunos autores romanos identifican parcialmente a Selene con Diana). En la obra de Safo es frecuente que se inviertan los roles masculinos y femeninos, y que sean diosas quienes buscan seducir o violentar a diversos hombres.

Rubens anima la superficie de la tabla con el vigoroso movimiento de su pincel. El gesto de la diosa concede credibilidad a su dolor. En la parte superior derecha se ven las huellas de un tiento utilizado por el pintor, que raspó la pintura aún sin secar en la zona sobre la que se apoyó.

Boceto para la serie de la Eucaristía

Rubens pintó este boceto en preparación para una de las cuatro series de tapices que diseñó a lo largo de su vida, la de la Eucaristía. El encargo se debe a Isabel Clara Eugenia, para quien Rubens trabajó como pintor de corte y como diplomático. El tema del conjunto es la exaltación del misterio de la Eucaristía, expresada en este caso por una escena del Antiguo Testamento en la que un ángel da de comer y beber al profeta Elías. Diversos textos religiosos (entre ellos la Summa Theologica de santo Tomás de Aquino) interpretaron esta historia bíblica como prefiguración de la Eucaristía.

Este boceto sirvió como modelo a los ayudantes de Rubens para hacer un cuadro (cartón) de gran tamaño en el que los tejedores del tapiz final basaron su obra. La escena está concebida como un tapiz que cuelga de unas columnas, a modo de trampantojo. Las columnas han sido repintadas por algún artista posterior a Rubens, tal vez porque él apenas les había dado forma.





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