BBKateak - Museo de Bellas Artes de Bilbao

17-06-2022 • 30-09-2022

BBKateak

Desde el 21 de junio

Salas 1-21

El museo reabre 21 salas del edificio antiguo con la iniciativa BBKateak para mostrar en cada una de ellas un encuentro inesperado entre dos artistas de la colección. Este “cara a cara” puede ser lejano en el tiempo y en su procedencia cultural y geográfica con el objetivo de provocar estimulantes diálogos entre maestros antiguos y modernos que relacionan, así, diferentes estilos, intereses, formatos y disciplinas.

La extensa cronología y la riqueza del patrimonio artístico del museo permiten alternativas expositivas y nuevas narrativas que reformulan la colección y enriquecen la visita, tal y como se hizo en 2018 con la inédita ordenación de salas comisariada por Kirmen Uribe, ABC. El alfabeto del Museo de Bilbao. Entonces, una palabra convocaba en cada sala obras dispares en el tiempo, convirtiendo en protagonista la historia que encierra cada una de ellas. Ahora, las palabras ceden el lugar a los nombres propios de la colección, a las biografías de las y los artistas, y a sus magníficas obras.

De este modo, y a partir del 21 de junio, se podrá revisitar el museo a través de una nueva propuesta, esta vez basada en la rotación de fondos, que periódicamente se irán renovando para ofrecer visibilidad a un mayor número de artistas y mantener una relación más dinámica con el público.

Frente a la idea de exposición antológica de la colección, en este tiempo tan especial hemos querido proponer a quienes nos visitan una nueva aproximación al arte del museo. La retícula espacial que forman las salas clásicas del edificio antiguo, ahora recuperadas, ofrece una secuencia de encuentros que, sin solución de continuidad, se encadenan en un bucle que se inicia y culmina en el hall Icaza -convertido de nuevo en la entrada principal del museo-, presidido por Hanging Figures de Juan Muñoz y las obras clásicas de Nemesio Mogrobejo y Moisés Huerta.

La temporalidad se flexibiliza y el enfoque, más libre e interdisciplinar, se centra en las relaciones creativas, permitiendo a la audiencia una visita más personal que persigue interpretar las obras de arte desde nuevos puntos de vista. Con este fin, conviven géneros tradicionales de la pintura -el paisaje, la naturaleza muerta o el desnudo- con otros intereses y disciplinas en clave contemporánea.

Como prólogo que explora la relación entre la escultura y la arquitectura, se inauguró el 6 de mayo Trece a Centauro, instalación que surge del encargo del museo a Sergio Prego (San Sebastián, 1969). Una producción neumática de escala monumental ocupa las salas comprometidas por las cercanas obras de ampliación, en una confrontación entre los lenguajes artísticos actuales y el repertorio arquitectónico clásico de esta parte del edificio.

Desde el martes 21 de junio -y ya en horario de verano, con el museo abierto todos los días de la semana-, podrán verse los primeros 21 encuentros, que a partir de otoño irán cambiando hasta conformar más de medio centenar de montajes diferentes en los que participaran más de 100 artistas y cerca de 300 obras de la colección. El programa permanecerá activo durante el tiempo en que se prolonguen las obras de ampliación. En esta primera entrega se presentan 43 artistas (15 están en activo).

Las obras de arte se acompañan de comentarios y reseñas biográficas, al tiempo que cada sala ofrece una interpretación que incita a la contemplación activa. Todo este material configura una hoja de sala virtual (en euskera, castellano, inglés y francés) accesible en la web del museo y también descargable gratuitamente en dispositivos móviles a través de un código QR en la sala.

Con el comienzo del curso, el Departamento de Educación y Acción Cultural ofrecerá propuestas educativas que, en diferentes formatos, se adaptarán a la naturaleza dinámica del proyecto y a la diversidad de públicos -desde escolares hasta adultos en formación y otros colectivos- que atiende.

La metamorfosis arquitectónica del museo se refleja de este modo en una colección en permanente cambio que, además, permitirá generar una constante actividad de educación y difusión.


Créditos

Dirección del proyecto: Miguel Zugaza, director

Coordinación: Javier Novo, coordinador de Conservación e Investigación, y Silvia García Lusa, coordinadora de Actividades

Montaje: Ana Isabel Román y Edu López

Concepto gráfico: Mikel Garay

Comentarios obras: José Luis Merino Gorospe, conservador de Arte Antiguo

Comentarios salas: Marta García Maruri, subdirectora de Comunicación


Recorrido por salas

Alberto Durero – Eduardo Chillida. Negro sobre blanco

Sala 1

La profundidad del trazo de Durero en las planchas en las que dibuja sus extraordinarias estampas -en madera en el caso de las xilografías y en metal en el trabajo del buril- converge en la rotundidad de la caligrafía de Chillida. Informal unas veces y geométrica otras, desarrolla su personal poética del espacio tanto en la obra sobre papel como en la escultura.

Anton van Dyck – José Luis Zumeta. Gestos

Sala 2

Todo un catálogo de expresiones y gestos graves, desde la súplica hasta el desamparo, se desarrolla ante el cuerpo muerto de Cristo, en una escena en la que el colorido brillante alivia la intensidad de la tragedia. También la pintura neoexpresionista de Zumeta parece reflejar un conflicto, avivado por la tensión gestual y el desasosiego cromático, en un caso, y ponderado por el blanco central, en el otro.

Francisco de Goya – Ana Isabel Román. Fondo neutro

Sala 3

Los tres retratados de Goya esconden una historia de emoción, pues fueron recogidos por el Gobierno Vasco durante los primeros meses de la Guerra Civil y trasladados a Francia en 1937 para su salvaguarda. En 2019, y gracias a la generosidad de sus descendientes, se presentaron por vez primera en estas salas. Comparten ahora pared con las figuras gráficas y sintetizadas de Román que, también inmóviles y a punto para la acción, nos advierten seriamente del misterioso potencial de su presencia.

José de Ribera – Ángel Bados. Bajar al suelo

Sala 4

La sencillez de lo mínimo esconde en Bados las lecciones de la luz, el espacio, y el volumen, bien sea en dos delicados cristales ligados por cinta adhesiva o bien en la enfática pieza de hierro, plomo y trapo que ondea sobre el suelo. A su lado, Ribera opta por un San Sebastián también yacente -otras iconografías lo prefieren vertical y atado a la columna del martirio- y enmarcado por los pliegues de unos paños que ilumina con barroco sentido del drama.

Hans Vredeman de Vries – Darío Urzay. Juego de espejos

Sala 5

Como en un juego de espejos, Urzay representó en 1982 la arquitectura clásica del museo en un trampantojo que repite, más despojado y detenido, en 2021. Esta vez, hurta la posibilidad de ver a través de la ventana las cajas de luz de El vientre del observador y la musa de Francisco Durrio. Mientras, el pintor y tratadista Vredeman de Vries anima su capricho arquitectónico con figuras que galantean en un escenario tan monumental como poco probable.

María Blanchard – Pablo Palazuelo. Hijos del cubismo

Sala 6

Blanchard formó parte en París del movimiento cubista, que abandonó en 1920. Sin embargo, como una deuda de juventud, mantuvo una pintura facetada de formas planas y angulosas. También Palazuelo desvela su filiación cubista en estas composiciones, con planos que se despliegan o convergen en una espacialidad enteramente abstracta. En ambos, un color sobrio y profundo apela a una dimensión espiritual.

Orazio Gentileschi – Ibon Aranberri. La caverna

Sala 7

De una oquedad en la gruta donde se desarrolla el episodio bíblico asoma una parra, metáfora de la embriaguez de Lot. Sus manos inician el ritmo que dirige nuestra mirada hacia la antigua ciudad de Sodoma, situada en un valle actualmente bajo las aguas del Mar Muerto. Aranberri canceló en 2003 una cueva prehistórica y desde su interior filmó la vida, advertida a través de una abertura circular. Dos décadas después de esta intervención, el artista abrió la caverna y geometrizó su cerramiento.

Doménikos Theotokópoulos, El Greco – Ignacio Zuloaga. Grecomanía

Sala 8

Zuloaga muestra su pasión por la tradición pictórica española en la imponente representación de un cardenal en un interior que se abre al seco paisaje castellano, iluminado por un celaje quebrado. Al brillo y la opulencia de la púrpura se oponen el joven clérigo y, quizá, el rostro enjuto de Francisco -modelo habitual del artista-, que recuerda al de Asís, al que El Greco interpreta magistralmente, absorto y místico, en su retiro del monte Alvernia.

Jorge Oteiza – Itziar Okariz. Conversation Piece

Sala 9

En un yeso concentrado y silente, Oteiza retrata a su mujer con apariencia arcaica y sintetismo contemporáneo. Siete décadas después, Okariz conversa con ella en el contexto de un proyecto audiovisual llamado Las estatuas, en donde su diálogo unidireccional sobrepasa el mero acto de la contemplación, provocando, a su vez, interrogantes en quien asiste a esta insólita comunicación entre la artista y la escultura.

Francis Bacon – Pello Irazu. De forma

Sala 10

La límpida geometría de Irazu, simple y controlada, salta del marco del cuadro para conformar una especie de corner piece que burla la esperada bidimensionalidad y, de alguna manera, nos incluye en su expansión. También Bacon utiliza la geometría, esta vez en forma de gran espejo que, despiadadamente, refleja una figura en monstruosa deformación.

Francisco de Zurbarán – Isabel Baquedano. Still Life

Sala 11

Naturaleza muerta (vida detenida) es el término que el arte emplea para definir las imágenes de objetos, vegetales o animales inertes. Es, pues, el género del buen hacer en la representación de las cualidades materiales de las cosas: la mesa de un comedor con el blanco lienzo del mantel interrumpido apenas por la vajilla o el brillo de un plato de fruta. Aunque, quizá, Baquedano y Zurbarán nos hablen religiosamente del fútil realismo de la existencia.

Sofonisba Anguissola – Miren Arenzana. Sororidad

Sala 12

Arenzana trabaja con objetos encontrados, en una práctica artística que ella misma reconoce como una reivindicación de género. Tocados, plumas y bordados, tradicionalmente asociados a lo femenino, se emplean aquí con refinada ironía. Los aderezos, perlas y brocados de la obra de la pintora Anguissola pertenecen, también, a un mundo de mujeres. Sin embargo, es solo ahora cuando celebramos sus méritos y la elegante intimidad de sus figuras.

Darío de Regoyos – Daniel Tamayo. Paisaje

Sala 13

“Parte de un territorio que puede ser observada desde un determinado lugar”. Regoyos y Tamayo siguen a pies juntillas en su pintura esta definición del término “paisaje”. Pero los matices de la luz, las montañas, la vegetación y el paisanaje que persigue Regoyos se geometrizan en el abigarrado mundo objetual de Tamayo, más imaginativo, denso y diverso.

Antonio de Guezala – Andrés Nagel. Bilbao chic

Sala 14

En versión cinética, en el gran lienzo, y pop, en la instalación escultórica, Guezala y Nagel retratan con desenvoltura cinematográfica mujeres de apariencia sofisticada. Mientras a finales de los años veinte una entra a una fiesta en el hotel Carlton de Bilbao, medio siglo después dos amigas enmarcadas por una gasa negra parecen encontrarse en un ambiente más mundano y cercano al burlesque.

José María de Ucelay – Jesus Mari Lazkano. Biosfera

Sala 15

La sensibilidad compartida por los dos pintores hacia los valores plásticos del paisaje, el espacio y los objetos sugiere en ambos un sutil juego entre la realidad y su representación. Comparten, además, el amor por una tierra que reflejan a través de la ventana de la casa familiar y el estudio, respectivamente. Pero son las nubes del viento sur, que Ucelay pinta y Lazkano cita, las que inevitablemente expresan la romántica visión de la naturaleza.

Paul Gauguin – Elena Aitzkoa. Agua

Sala 16

El título de la obra de Aitzkoa está tomado del nombre de un lago cercano a su localidad natal, que ella evoca en las piezas de escayola con las que conforma un refugio apaciguado por pigmentos de colores acuáticos. Las lavanderas de Gauguin, sin embargo, trabajan en las turbulentas aguas de un río en el que parecen reflejarse los colores encendidos de la vegetación de aquel otoño de 1888 en el que el pintor se instaló con Van Gogh en la localidad francesa de Arlés.

Hokusai – Gema Intxausti. Juego de palabras

Sala 17

A través de un tablero con treinta dibujos Intxausti ofrece indicios sobre conceptos y realidades complejas que le interesan mediante de la palabra. Desde comienzos del siglo XIX existe en la estampa japonesa el género surimono, dedicado a la ilustración de libros y poemas, del que Hokusai es uno de sus mejores exponentes,tal y como vemos en la lectora reclinada sobre una pequeña biblioteca. Un objeto escultórico recubierto con bayetas evoca en Intxausti, con otra intención, un parecido ámbito de intimidad.

Martin de Vos – Jacques Lipchitz. Europa

Sala 18

El subyugante desnudo que Martin de Vos pintó mediante suaves veladuras atrae la mirada hasta encubrir la imposibilidad de la postura de la mujer -mostrada, así, en plenitud- y el terrible viaje que emprende, empujada por el viento que hincha el manto rojo y el velamen del barco que se divisa en el horizonte. Lipchitz, al contrario, modela con sus manos la enérgica escultura en yeso, que deja áspero y blanco, en donde se concentra toda la violencia del relato mitológico.

Paul Cézanne – Juan José Aquerreta. Desnudos

Sala 19

Cézanne y Aquerreta coinciden en la inspiración clásica como principal referente. Una arcadia feliz rodea los grupos de desnudos masculinos de Cézanne, serenos y en comunión con la naturaleza. Mientras, en el bello lienzo de Aquerreta se repite, idéntica e inmutable, la figura también desnuda de Apolo, que, paradójicamente, compone un friso para la tumba del filósofo griego que formuló que la vida se fundamenta en el cambio incesante.

Mary Cassatt – Gabriel Cualladó. Maternidad, o no

Sala 20

Cassatt describe concisamente el tema de su pintura en el título. Sin embargo, la historiografía mediatizada a menudo adopta la palabra “maternidad” para describir la escena en la que una mujer, de espaldas y en un elegante sillón, sostiene al niño. A pesar de ello, hay quien ve a una cuidadora y en el gesto del chiquillo, su pena al separarse, esta vez sí, de la madre a la que no vemos. Cualladó prefiere ir de frente y retrata sin ambages a su madre junto a una humilde mecedora y a sí mismo, sencillo y neorreal.

Quintín de Torre – Txomin Badiola. All Iron

Sala 21

Torre creó arquetipos escultóricos que representan el esfuerzo del trabajo. El timonel se erige con una firmeza estática, que el artista contrarresta en la potente diagonal que gobierna con mano de hierro. La obra de Badiola, declarado admirador de Malévich, pertenece a una serie de esculturas que se sustentan en la pared. Utilizando el espacio como constructor de formas y el acero como línea, parte de una caja rectangular para crear una estructura en la que se oponen la estabilidad ortogonal y el dinamismo diagonal.