BBKateak - Museo de Bellas Artes de Bilbao

17-06-2022 • 31-12-2023

BBKateak

 

 

El museo reabre 21 salas del edificio antiguo con la iniciativa BBKateak para mostrar en cada una de ellas un encuentro inesperado entre dos artistas de la colección. Este "cara a cara" puede ser lejano en el tiempo y en su procedencia cultural y geográfica con el objetivo de provocar estimulantes diálogos entre maestros antiguos y modernos que relacionan, así, diferentes estilos, intereses, formatos y disciplinas.

La extensa cronología y la riqueza del patrimonio artístico del museo permiten alternativas expositivas y nuevas narrativas que reformulan la colección y enriquecen la visita, tal y como se hizo en 2018 con la inédita ordenación de salas comisariada por Kirmen Uribe, ABC. El alfabeto del Museo de Bilbao. Entonces, una palabra convocaba en cada sala obras dispares en el tiempo, convirtiendo en protagonista la historia que encierra cada una de ellas. Ahora, las palabras ceden el lugar a los nombres propios de la colección, a las biografías de las y los artistas, y a sus magníficas obras.

De este modo, y a partir del 21 de junio, se podrá revisitar el museo a través de una nueva propuesta, esta vez basada en la rotación de fondos, que periódicamente se irán renovando para ofrecer visibilidad a un mayor número de artistas y mantener una relación más dinámica con el público.

Frente a la idea de exposición antológica de la colección, en este tiempo tan especial hemos querido proponer a quienes nos visitan una nueva aproximación al arte del museo. La retícula espacial que forman las salas clásicas del edificio antiguo, ahora recuperadas, ofrece una secuencia de encuentros que, sin solución de continuidad, se encadenan en un bucle que se inicia y culmina en el hall Icaza -convertido de nuevo en la entrada principal del museo-, presidido por Hanging Figures de Juan Muñoz y las obras clásicas de Nemesio Mogrobejo y Moisés Huerta.

La temporalidad se flexibiliza y el enfoque, más libre e interdisciplinar, se centra en las relaciones creativas, permitiendo a la audiencia una visita más personal que persigue interpretar las obras de arte desde nuevos puntos de vista. Con este fin, conviven géneros tradicionales de la pintura -el paisaje, la naturaleza muerta o el desnudo- con otros intereses y disciplinas en clave contemporánea.

Como prólogo que explora la relación entre la escultura y la arquitectura, se inauguró el 6 de mayo Trece a Centauro, instalación que surge del encargo del museo a Sergio Prego (San Sebastián, 1969). Una producción neumática de escala monumental ocupa las salas comprometidas por las cercanas obras de ampliación, en una confrontación entre los lenguajes artísticos actuales y el repertorio arquitectónico clásico de esta parte del edificio.

La metamorfosis arquitectónica del museo se refleja de este modo en una colección en permanente cambio que, además, permitirá generar una constante actividad de educación y difusión.



Microsite

Las obras de arte se acompañan de comentarios y reseñas biográficas, al tiempo que cada sala ofrece una interpretación que incita a la contemplación activa. Todo este material configura una hoja de sala virtual (en euskera, castellano, inglés y francés) accesible en la web del museo y también descargable gratuitamente en dispositivos móviles a través de un código QR en la sala.

 

VISITAR EL MICROSITE

Créditos

Dirección del proyecto: Miguel Zugaza, director
Coordinación: Javier Novo, coordinador de Conservación e Investigación, y Silvia García Lusa, coordinadora de Actividades
Montaje: Ana Isabel Román y Edu López
Concepto gráfico: Mikel Garay
Comentarios obras: José Luis Merino Gorospe, conservador de Arte Antiguo, y Miriam Alzuri, conservadora de Arte Moderno y Contemporáneo
Comentarios salas: Marta García Maruri, subdirectora de Comunicación
Videos: Mikel Clemente


Recorrido por salas


Sala 1

Benito Barrueta – Inés Medina. A la pintura

Se ha señalado a menudo el homenaje de Barrueta a Velázquez al representar su estudio con colores aprendidos en el Prado, cuando era un joven copista que admiraba al "pintor de pintores" y a sus meninas. Pero, quizá, sean la atmósfera y el trasfondo geométrico de la composición los que realmente le intrigaron. Tiempo después, el cubo y sus recursos mínimos configuran una instalación tridimensional en la que Inés Medina pone en el centro el inagotable dilema de un lienzo en blanco.



Alberto Durero – Eduardo Chillida. Negro sobre blanco | FINALIZADA 05/10/22

La profundidad del trazo de Durero en las planchas en las que dibuja sus extraordinarias estampas -en madera en el caso de las xilografías y en metal en el trabajo del buril- converge en la rotundidad de la caligrafía de Chillida. Informal unas veces y geométrica otras, desarrolla su personal poética del espacio tanto en la obra sobre papel como en la escultura.

Sala 2

Anton Van Dyck - Ignacio Sáez. La tradición y el riesgo

Durante el siglo XV y desde Flandes se generalizó entre los pintores europeos el uso del óleo. Permite una ejecución lenta y la aplicación de capas ligeras que transparentan las precedentes. También Sáez lo emplea, aunque, en su caso, el aceite matiza el contraste violento entre la forma y el fondo de esta gran tela. En la composición, por partes casi especular, superpone al insólito pattern negro y geométrico los trazos rojos que, como una circulación sanguínea, la recorren. Al igual que en Van Dyck, en el centro una figura humana ordena el drama, aunque aquí tan íntimo y misterioso como la respuesta a un test de Rorschach.



Anton van Dyck – José Luis Zumeta. Gestos | FINALIZADA 30/11/22

Todo un catálogo de expresiones y gestos graves, desde la súplica hasta el desamparo, se desarrolla ante el cuerpo muerto de Cristo, en una escena en la que el colorido brillante alivia la intensidad de la tragedia. También la pintura neoexpresionista de Zumeta parece reflejar un conflicto, avivado por la tensión gestual y el desasosiego cromático, en un caso, y ponderado por el blanco central, en el otro.

Sala 3

El mundo al revés

Como en una escultura clásica, el brillo dorado del bronce ennoblece la agigantada nariz de payaso. Por si nuestra extrañeza fuera poca, la peana transparente enclaustra un telemando que hace imposible el control del espectáculo. Moraza refiere que “cobija el secreto de un enmascaramiento”, pero deja a nuestra interpretación la obra. No se conserva ninguna explicación contemporánea de los célebres Disparates de Goya, aunque los gigantes, la carcajada grotesca, los personajes deformes y los embozados los emparentan con l mundo del circo y el carnaval. Quizá, finalmente,Moraza y Goya nos preguntan, como el filósofoHenri Bergson, por qué nos reímos y cuál es elsignificado de nuestra risa.



Francisco de Goya – Ana Isabel Román. Fondo neutro | FINALIZADA 03/02/23

Los tres retratados de Goya esconden una historia de emoción, pues fueron recogidos por el Gobierno Vasco durante los primeros meses de la Guerra Civil y trasladados a Francia en 1937 para su salvaguarda. En 2019, y gracias a la generosidad de sus descendientes, se presentaron por vez primera en estas salas. Comparten ahora pared con las figuras gráficas y sintetizadas de Román que, también inmóviles y a punto para la acción, nos advierten seriamente del misterioso potencial de su presencia.

Sala 4

José de Ribera – Ángel Bados. Bajar al suelo

La sencillez de lo mínimo esconde en Bados las lecciones de la luz, el espacio, y el volumen, bien sea en dos delicados cristales ligados por cinta adhesiva o bien en la enfática pieza de hierro, plomo y trapo que ondea sobre el suelo. A su lado, Ribera opta por un San Sebastián también yacente -otras iconografías lo prefieren vertical y atado a la columna del martirio- y enmarcado por los pliegues de unos paños que ilumina con barroco sentido del drama.

Sala 5

Hans Vredeman de Vries – Darío Urzay. Juego de espejos

Como en un juego de espejos, Urzay representó en 1982 la arquitectura clásica del museo en un trampantojo que repite, más despojado y detenido, en 2021. Esta vez, hurta la posibilidad de ver a través de la ventana las cajas de luz de El vientre del observador y la musa de Francisco Durrio. Mientras, el pintor y tratadista Vredeman de Vries anima su capricho arquitectónico con figuras que galantean en un escenario tan monumental como poco probable.

Sala 6

Jacob Ruisdael – Juan Luis Goenaga. Paisaje sonoro

Más de trescientos años separan a estos dos pintores fascinados por la naturaleza. Comparten, además, el gusto por la descripción minuciosa del bosque –en el que Goenaga, en ocasiones, interviene– con una paleta sobria de negros y ocres. Ruisdael guía la mirada hacia un claro bañado por la luz crepuscular mientras que Goenaga, más microscópico y lineal, acerca su ojo de fotógrafo hasta un primerísimo primer plano. Sin embargo, en el bosque o sobre el herbazal, sopla la misma fuerza oculta del viento del norte que agita raíces y ramas de un reino enteramente vegetal.



María Blanchard – Pablo Palazuelo. Hijos del cubismo | FINALIZADA 18/09/22

Blanchard formó parte en París del movimiento cubista, que abandonó en 1920. Sin embargo, como una deuda de juventud, mantuvo una pintura facetada de formas planas y angulosas. También Palazuelo desvela su filiación cubista en estas composiciones, con planos que se despliegan o convergen en una espacialidad enteramente abstracta. En ambos, un color sobrio y profundo apela a una dimensión espiritual.

Sala 7

Orazio Gentileschi – Ibon Aranberri. La caverna

De una oquedad en la gruta donde se desarrolla el episodio bíblico asoma una parra, metáfora de la embriaguez de Lot. Sus manos inician el ritmo que dirige nuestra mirada hacia la antigua ciudad de Sodoma, situada en un valle actualmente bajo las aguas del Mar Muerto. Aranberri canceló en 2003 una cueva prehistórica y desde su interior filmó la vida, advertida a través de una abertura circular. Dos décadas después de esta intervención, el artista abrió la caverna y geometrizó su cerramiento.

Sala 8

Kitagawa Utamaro – Adolfo Guiard. Pinturas del mundo flotante

Con esta bella expresión se define ukiyo-e, género de la estampa japonesa del que Utamaro es maestro. Estuvo en boga en París a finales del siglo XIX, donde muchos artistas las coleccionaban, entre ellos Adolfo Guiard, que, con apenas dieciocho años, se trasladó a la capital. Hijo de fotógrafo, adoptó pronto los encuadres descentrados, el colorido impresionista y la poética del simbolismo para capturar la vida según los suaves ritmos aprendidos de las estampas. La misma fascinación por Oriente sintió José Palacio, que, medio siglo después, viajó como Guiard de Bilbao a París para hacerse con la valiosa colección que legó a nuestro museo.



Doménikos Theotokópoulos, El Greco – Ignacio Zuloaga. Grecomanía | FINALIZADA 29/09/22

Zuloaga muestra su pasión por la tradición pictórica española en la imponente representación de un cardenal en un interior que se abre al seco paisaje castellano, iluminado por un celaje quebrado. Al brillo y la opulencia de la púrpura se oponen el joven clérigo y, quizá, el rostro enjuto de Francisco -modelo habitual del artista-, que recuerda al de Asís, al que El Greco interpreta magistralmente, absorto y místico, en su retiro del monte Alvernia.

Sala 9

Godofredo Ortega Muñoz - Edu López. Referentes

Los celebrados paisajes de Godofredo Ortega Muñoz se despojan progresivamente de todo aquello que les es propio hasta quedarse sin un ánima que los transite. Incluso el brillo del óleo desaparece del yermo paisaje castellano que finalmente, y como su admirado Antonio Machado, se interroga: "¿espera, duerme o sueña?". Pedregales, sendas, colinas y esos castaños extremeños que, como signos ariscos, atrapan a Edu López en una repetición que incluye, central, en su particular caleidoscopio artístico.



Jorge Oteiza – Itziar Okariz. Conversation Piece | FINALIZADA 08/10/22

En un yeso concentrado y silente, Oteiza retrata a su mujer con apariencia arcaica y sintetismo contemporáneo. Siete décadas después, Okariz conversa con ella en el contexto de un proyecto audiovisual llamado Las estatuas, en donde su diálogo unidireccional sobrepasa el mero acto de la contemplación, provocando, a su vez, interrogantes en quien asiste a esta insólita comunicación entre la artista y la escultura.

Sala 10

Francis Bacon – Pello Irazu. De forma

La límpida geometría de Irazu, simple y controlada, salta del marco del cuadro para conformar una especie de corner piece que burla la esperada bidimensionalidad y, de alguna manera, nos incluye en su expansión. También Bacon utiliza la geometría, esta vez en forma de gran espejo que, despiadadamente, refleja una figura en monstruosa deformación.

Sala 11

Francisco de Zurbarán – Isabel Baquedano. Still Life

Naturaleza muerta (vida detenida) es el término que el arte emplea para definir las imágenes de objetos, vegetales o animales inertes. Es, pues, el género del buen hacer en la representación de las cualidades materiales de las cosas: la mesa de un comedor con el blanco lienzo del mantel interrumpido apenas por la vajilla o el brillo de un plato de fruta. Aunque, quizá, Baquedano y Zurbarán nos hablen religiosamente del fútil realismo de la existencia.

Sala 12

Aurelio Arteta - Agustín Ibarrola. Tirar del hilo

Primer director del Museo de Arte Moderno de Bilbao, el pintor Aurelio Arteta falleció exiliado en México en 1940. A finales de esa misma década un jovencísimo Agustín Ibarrola daba sus primeros pasos en la pintura con una obra que él mismo declaraba "muy artetiana, muy vinculada al mundo del trabajo". Pero el tiempo no pasa en vano y la versión lírica de Arteta de titanes en fábricas y ferrerías se tornó en Ibarrola en el desgarro de proletarios en minas y arengas. En el férreo compromiso de hacer verdad el deseo de Arteta de "llenar de honradez el arte".



Niklaus Weckmann - Miren Arenzana. Tocados | FINALIZADA 05/10/22

Arenzana se interesa por el diseño industrial en este conjunto de figuras de metacrilato y, en una sutil reivindicación de género, "escultoriza" dos tocados femeninos. Por su parte, la imagen tardogótica alemana, tallada sobre un tronco ahuecado que obliga a su visión frontal, maravilla por el manto dorado -imaginemos su brillo en celebraciones nocturnas iluminadas por velas- y por la bella expresión del rostro, enmarcado por una toca "incidida de pliegues" tal y como recoge el primer Catálogo descriptivo del museo de 1969 y su entonces director Crisanto de Lasterra.



Sofonisba Anguissola – Miren Arenzana. Sororidad | FINALIZADA 22/08/22

Arenzana trabaja con objetos encontrados, en una práctica artística que ella misma reconoce como una reivindicación de género. Tocados, plumas y bordados, tradicionalmente asociados a lo femenino, se emplean aquí con refinada ironía. Los aderezos, perlas y brocados de la obra de la pintora Anguissola pertenecen, también, a un mundo de mujeres. Sin embargo, es solo ahora cuando celebramos sus méritos y la elegante intimidad de sus figuras.

Sala 13

Ensor – Milicua. Pequeñas cosas

Cuenta Milicua que decidió ser artista mientras, de niño, ojeaba un libro sobre el Bosco que le había regalado su abuelo anticuario. Y, ciertamente, el mundo surreal del pintor flamenco y el gusto familiar por los objetos y su memoria encuentran un eco dislocado en sus minuciosos collages y en sus estructuras superpobladas de objets trouvés. También las pequeñas cosas obsesionaron a Ensor, cuya familia regentó un comercio de souvenirs. Construyó con ellas un mundo propio en la abigarrada habitación que usaba como estudio y que vemos en la fotografía de época en la que se retrata junto al cuadro Virgen y mundana, aquí expuesto.



Darío de Regoyos – Daniel Tamayo. Paisaje | FINALIZADA 13/12/22

"Parte de un territorio que puede ser observada desde un determinado lugar". Regoyos y Tamayo siguen a pies juntillas en su pintura esta definición del término "paisaje". Pero los matices de la luz, las montañas, la vegetación y el paisanaje que persigue Regoyos se geometrizan en el abigarrado mundo objetual de Tamayo, más imaginativo, denso y diverso.

Sala 14

Antonio de Guezala - Xabier Morrás. Que todo en la vida es cine

Morrás ha reconocido su gusto por la fotografía y el cine, y, especialmente, por el noir norteamericano. Quizá por ello, construye imágenes tridimensionales con desalmados edificios de oficinas y calles grises en donde se desenvuelven personajes apresurados. También Guezala mostraba escenarios urbanos, pero en lugar del Londres de finales de los sesenta retrataba el Bilbao de los felices años veinte. Aquí la visión dinámica de hoteles, teatros y tranvías evoca aún la fascinación por la vida moderna y sus adelantos mecánicos, como esa puerta giratoria probablemente inspirada en el clásico del cine mudo El último (1924), del alemán F.W. Murnau.



Antonio de Guezala – Andrés Nagel. Bilbao chic | FINALIZADA 25/10/22

En versión cinética, en el gran lienzo, y pop, en la instalación escultórica, Guezala y Nagel retratan con desenvoltura cinematográfica mujeres de apariencia sofisticada. Mientras a finales de los años veinte una entra a una fiesta en el hotel Carlton de Bilbao, medio siglo después dos amigas enmarcadas por una gasa negra parecen encontrarse en un ambiente más mundano y cercano al burlesque.

Sala 15

Francisco Iturrino – Mari Puri Herrero. La luz del otro lado

El buril, la plancha y el papel del grabado obligan a una cercanía inapelable. Francisco Iturrino recrea en él con particular expresividad su mundo pictórico mientras que Mari Puri Herrero deposita figuras, pájaros y bosques que reconocemos y, sin embargo, no podemos explicar. Sucede en algunos sueños y cuentos de la infancia, que dejan unas partes oscuras y otras en blanco, como ese mantel que refulge al llegar la noche. Ambos artistas se formaron en el norte de Europa y recibieron las influencias del simbolismo, aunque aquí quizá interese más la ejemplaridad técnica de los aguafuertes de Rembrandt, que Herrero asumió con convicción para su obra y aplicó en la tirada de los grabados de Iturrino que, en 1983, le encomendó el museo.



José María de Ucelay – Jesus Mari Lazkano. Biosfera | FINALIZADA 22/11/22

La sensibilidad compartida por los dos pintores hacia los valores plásticos del paisaje, el espacio y los objetos sugiere en ambos un sutil juego entre la realidad y su representación. Comparten, además, el amor por una tierra que reflejan a través de la ventana de la casa familiar y el estudio, respectivamente. Pero son las nubes del viento sur, que Ucelay pinta y Lazkano cita, las que inevitablemente expresan la romántica visión de la naturaleza.

Sala 16

Paul Gauguin – Elena Aitzkoa. Agua

El título de la obra de Aitzkoa está tomado del nombre de un lago cercano a su localidad natal, que ella evoca en las piezas de escayola con las que conforma un refugio apaciguado por pigmentos de colores acuáticos. Las lavanderas de Gauguin, sin embargo, trabajan en las turbulentas aguas de un río en el que parecen reflejarse los colores encendidos de la vegetación de aquel otoño de 1888 en el que el pintor se instaló con Van Gogh en la localidad francesa de Arlés.

Sala 18

Julián de Tellaeche – Néstor Basterretxea. Como un mástil

Sus vivencias en Lekeitio y apenas un año como marinero bastaron a Tellaeche para encontrar en la mar su principal interés temático. Con las arboladuras de los veleros, ya en vías de extinción, y los cabos, cadenas y calabrotes que se hacen firmes al muelle, organizó composiciones de
encuadre fotográfico y pincelada sintética en un particular ritmo de planos que se superponen y entrecruzan. También en la escultura de Basterretxea las piezas de madera se encabalgan coronando un eje vertical que se ha interpretado como precedente de algunos monumentos
conmemorativos que el artista ubicó a lo largo de la costa vasca.



Martin de Vos – Jacques Lipchitz. Europa chic | FINALIZADA 15/10/22

El subyugante desnudo que Martin de Vos pintó mediante suaves veladuras atrae la mirada hasta encubrir la imposibilidad de la postura de la mujer -mostrada, así, en plenitud- y el terrible viaje que emprende, empujada por el viento que hincha el manto rojo y el velamen del barco que se divisa en el horizonte. Lipchitz, al contrario, modela con sus manos la enérgica escultura en yeso, que deja áspero y blanco, en donde se concentra toda la violencia del relato mitológico.

Sala 19

Cassat-Sistiaga. Oriente en Occidente

En abril de 1890 se presentó en París la gran exposición Maîtres Japonais, que dio origen a la moda del japonismo. Influyó en numerosos artistas, entre ellos la norteamericana Mary Cassatt, del grupo impresionista. Compartía con el arte oriental el interés temático por la mujer y ese año creó con pincelada vigorosa y seca esta insólita composición. En el gran lienzo recién restaurado, Sistiaga maximiza el gesto de pintar y arrastra los pigmentos sobre la preparación blanca dejando así el rastro de su pugna para plasmar el movimiento, la luz, el color… la esencia del arte de la pintura en una particular caligrafía de resonancia zen.


Sala 20

Gossart -Rementeria. Rinascita

El flamenco Jan Gossart viajó a Italia en 1508. Entre otras localidades, visitó Florencia y Roma, donde copió esculturas antiguas y conoció el arte del momento: Miguel Ángel había terminado en Florencia su David y Rafael trabajaba en Roma en los célebres frescos de las Estancias Vaticanas. Y como en tantos otros, el encuentro con la Antigüedad y el Renacimiento imprimió profunda huella en su arte. Casi cinco siglos después, otro pintor, Alberto Rementería, sintió parecida fascinación por el repertorio clásico de columnas, pilastras, guirnaldas y ménsulas, de las que se apropia de manera caligráfica y ornamental en sus grabados y más fantasmagórica e informal en el gran friso que titula Mascarón (cara disforme o fantástica que se usa como adorno en ciertas obras de arquitectura).



Mary Cassatt – Gabriel Cualladó. Maternidad, o no | FINALIZADA 17/01/23

Cassatt describe concisamente el tema de su pintura en el título. Sin embargo, la historiografía mediatizada a menudo adopta la palabra "maternidad" para describir la escena en la que una mujer, de espaldas y en un elegante sillón, sostiene al niño. A pesar de ello, hay quien ve a una cuidadora y en el gesto del chiquillo, su pena al separarse, esta vez sí, de la madre a la que no vemos. Cualladó prefiere ir de frente y retrata sin ambages a su madre junto a una humilde mecedora y a sí mismo, sencillo y neorreal.

Sala 21

Quintín de Torre – Txomin Badiola. All Iron

Torre creó arquetipos escultóricos que representan el esfuerzo del trabajo. El timonel se erige con una firmeza estática, que el artista contrarresta en la potente diagonal que gobierna con mano de hierro. La obra de Badiola, declarado admirador de Malévich, pertenece a una serie de esculturas que se sustentan en la pared. Utilizando el espacio como constructor de formas y el acero como línea, parte de una caja rectangular para crear una estructura en la que se oponen la estabilidad ortogonal y el dinamismo diagonal.